Ciudad de Olores y sabores
Aquellos años en la ciudad me trae dulces recuerdos de olores y sabores que evocan momentos de alegría y añoranza. Las discotecas y bares eran mi refugio, donde podía sumergirme en mi género musical predilecto hasta altas horas de la madrugada. Coco Bongo, por la 7ma con 50, era un mágico lugar con su aroma particular, así como Casa Babylon en el primer piso y pola a 1.5 Luka.
También recuerdo con cariño a Gato Naranja, hacia el norte, donde el olor a incienso se mezclaba con la cerveza servida en floreros. ¡Qué tiempos aquellos! Las noches de alegría en Bar-B, junto al Parque de los Hippies, quedaron grabadas en mi corazón, al igual que las vibrantes experiencias en Flow Natural en La Candelaria o en El Rincón Cubano en la 19. Incluso los bares más pulidos como Armando Records y las salidas a comer perros en la esquina de la 85 con 15. Lourdes, con su ambiente punk y olor a escupitajos en aquel sótano, tienen un lugar especial en mis recuerdos.
Pero todo cambió con la llegada de la PANDEMIA. Después de aquellos días de incansable búsqueda, salí a reconocer lugares y descubrí que muchos ya no existían. Esos sitios que me habían visto crecer y reír se desvanecieron en el tiempo, dejando un vacío en mi corazón y un suspiro de añoranza por lo vivido. Quedan en mi mente y en mi alma tantos lugares icónicos como Disco Jaguar, La Santa, Savoy, Petra, La Chula, La Chismosa, entre otros. La ciudad que amo ha cambiado tanto, pero los olores y sabores que marcaron mi juventud permanecen intactos en la memoria. Con nostalgia, guardo en mi corazón cada uno de esos momentos que forjaron mi identidad en este rincón del mundo.


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